Coodenadas Políticas/Triunfos y fracasos

Martín Aguilar

Este domingo miles de personas marcharon con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Una monstruosa y ofensiva movilización sucedió en medio de la polarización, auspiciada desde Palacio Nacional.

Es claro que el presidente no gobierna para todos. Lo demostró los últimos días, por los constantes ataques a la multitudinaria concentración del 13 de noviembre.

Tres aspirantes a sucederlo acudieron a la movilización. Junto a él marcharon Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López.

A distancia se mantuvo el canciller Marcelo Ebrard. Faltó el senador Ricardo Monreal, quien insiste en que lo postule la alianza Va Por México.

Las “benditas redes sociales” se dieron vuelo al denunciar y documentar el poder de la coacción y cooptación.

Exhibieron hasta el cansancio con videos y fotografías a los mercenarios compradores de conciencias y voluntades que siguieron al pie de la letra el manual de la amenaza, el amago y el chantaje.

Quedó al descubierto el ilegal manejo de los recursos públicos, para buscar legitimar el acarreo como proyecto clientelar de la 4T.

La masiva desviación de recursos para financiar el traslado desde todas las entidades de la República, es incuantificable.

Algunos incurrieron en la osadía de intentar justificar que había una partida especial para ese tipo de acciones.

De forma increíble, se observó la mutación del gobierno de López Obrador en pleno a activista, opositor a parte de la sociedad obligado a servir y representar.

Escuetamente, lo resumió el ex presidente Felipe Calderón: “El día de hoy terminó la presidencia”

“El presidente @lopezobrador_ renunció a ser presidente de todos los mexicanos para convertirse meramente en Jefe de una facción”, sintetizó.

Partido y gobierno se fusionaron. Los servidores de la nación se vistieron de propagandistas, al igual que el resto de los servidores públicos.

Celebraron reuniones, asambleas y convocatorias sin pundonor alguno para quedar bien con el jerarca urgido de la vitamina del aplauso y la lisonja.

Los medios públicos violaron la Constitución federal y de la Ciudad de México al convertirse en instrumentos de propaganda, en lugar de mantenerse como independientes.

Es el caso del Canal Once, Canal 22, Canal 14, Capital 21, el IMER y Radio Educación. Inflaron a más no poder el ego presidencial.

Tan llamativas fueron las imágenes de todo el folclor del acarreo como inmensas filas de autobuses, pase de lista y entrega de lunch, que el Zócalo a medio llenar.

Al final se configuró una nueva narrativa desde el poder, donde violar la ley se convierte en norma, además de patrocinar el egocentrismo de Palacio Nacional.

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