Coordenadas Políticas

Ojos que no ven

Si en verdad tardará varios meses en reanudar el servicio en las estaciones más importantes del Metro, Claudia Sheinbaum y Morena están en un problema mayúsculo en la Ciudad de México, pues millones de personas quedarán afectadas por el paro y estarían enojadas con ellos.

 

El diagnóstico de Fernando Espino Arévalo, líder del Sindicato de los Trabajadores del Metro, es que, al menos las líneas 2 y 3 de ese sistema, no reanudarían antes de cinco meses, con todo lo que ello puede significar en la dinámica de la capital del país.

 

La razón que esgrime el líder sindical para tan tétrico pronóstico es que el equipo dañado en el incendio del pasado sábado es tan obsoleto, que ya no hay refacciones en el mercado, por lo que se tendrían que elaborar la mayoría de las piezas.

 

Estos comentarios no han sido desmentidos por la jefa de Gobierno ni por la directora general y a la vez subdirectora de Mantenimiento del Metro, Florencia Serranía, quien aseguró que la Línea 1 estará lista parcialmente en unos 20 días: la 2 y la 3 no está segura.

 

Si las estampitas del detente no le hacen a Claudia el milagro de poner en marcha pronto el Metro, su falta de funcionamiento puede coincidir justamente con los meses de campaña para las elecciones de junio, y todo el mundo sabe lo que puede pasar en las urnas si el pueblo se enoja.

 

Los de Morena deben estar más que preocupados con esta situación, pues es evidente que lo que se presentó como un problema técnico no tardará nada en convertirse en un gran problema político, que afectará al pejismo en la capital.

 

Y ni cómo culpar a las administraciones pasadas del cochinero en el que se convirtió el Metro, pues la mayoría de las autoridades que estuvieron al frente del gobierno local hoy son puntales de la 4T, empezando por el inquilino de Palacio Nacional.

 

Ante ese impedimento, la jefa de Gobierno se atrevió a declarar que no descartaba la posibilidad de un sabotaje, lo cual fue un golpe muy bajo para tratar de evadir su responsabilidad, pues dejó en entredicho que los trabajadores del Metro pudieran haber urdido un acto criminal.

 

Una manera de aminorar el golpe hubiera sido el cese fulminante de Serranía, pues al público le encanta que ejecuten a alguien en la plaza pública, pero al parecer Claudia no midió la gravedad del asunto y prefirió defenderla —como siempre— en lugar de utilizarla como fusible.

 

Ya se le pasó la oportunidad de ofrecer una cabeza para calmar la ira del pueblo y, por el contrario, le está dando armas a la oposición, que por muy burros que sean, tendrán varios meses para atizar al gobierno capitalino de Morena por inepto y encubridor.

 

Por lo pronto, los diputados opositores ya planean llamar a comparecer a Florencia para que explique lo inexplicable. Y aunque los morenos lo impidieran, no se van a poder quitar la molesta diaria de millones de capitalinos que se verán afectados en su día a día.

 

Por si no fuera suficiente el caos sanitario por la pandemia, el Metro se le suma a la carga que sobre sus hombros llevará la 4T a las elecciones en la CDMX.

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